sábado, 25 de mayo de 2013

En busca del equilibrio perdido.


12, 13, 14… Van pasando los días de Mayo, y los cuadraditos del calendario me andan agobiando. Primero me dicen cositas por lo bajini:
¡Aniversario de diagnósticooooo!, ¡Alguien lleva un año diagnosticadaaaa!
Y luego se dan la vuelta como si a mí no me hubieran dicho nada.
Qué indirectas me anda tirando el subconsciente…  Me recuerdan al monólogo de Gila y cómo atrapó a Jack el Destripador:
Me enteré donde vivía Jack el Destripador, me instalé en el mismo hotel y como no me gusta la violencia, le detuve con indirectas.
 Nos cruzábamos por el pasillo y decía yo: "Alguien ha matado a alguien... y no me gusta señalar...". Al día siguiente nos volvíamos a encontrar y le decía: "Alguien es un asesino... y no quiero decir quien..."
Total, que parece inevitable que llegadas estas fechas una no recuerde las separaciones, los sacaleches, los llantos y el café descafeinado del hospital. Así que como es inevitable, he decidido que me va a hacer bien colocar los recuerdos, las ideas, las experiencias vividas durante este añito… que si no voy los voy rumiando, rumiando y se me atragantan por no tener los estómagos de la vaca.
Hacer balance de tantos días va a ser jodicomplicado.
Puedo decir que tengo la suerte de que el dolor de esos días de síntomas repentinos, separación abrupta de la Pizquilla y pruebas hospitalarias se ha quedado simplemente en el recuerdo. Digo que tengo la suerte, porque soy feliz de no repetir ese dolor y ese temor intenso. Aunque he de reconocer que pensar que recordar en estos días como se desarrollaron los acontecimientos me entristece durante más de 3 segundos y menos de 10.
Vale, entonces… si el dolor aquel se ha quedado encerrado en el calendario de mayo de 2012… ¿Qué es lo que perdura un año después?
Perdura sobre todo la alegría de estar viva, de escuchar las risas y los pedos de Bendito Padre, la Pizquilla, de escuchar las risas (y no los pedos) del resto de la familia y amigos, del olor de la lluvia y el sabor del salmorejo (entre otras cosas).
Perdura también la sensación de brutal fragilidad. De saber que en la vida ocurren cosas inevitables. Nunca leí “La inevitable levedad del ser”, pero desde hace ya un año esas palabras se filtran a menudo gota a gota ante las vivencias que he ido conociendo de los demás. Y por ahora creo que ese chopchop ya no desaparecerá.
Hablo de la fragilidad no de mi esclerosis múltiple, que no ha sido más que el pistoletazo hacia esa consciencia de la inevitable levedad del ser. Hablo de historias que me han arrancado lágrimas como las de Raúl, Mikel, Jen, y más.
Y así, en busca del equilibrio perdido llevo casi un añito. Con un brazo de la balanza lleno de vitalidad y el otro... no.
Seguiré caminando.
 

4 comentarios:

  1. Y perduras tú....no sé porque tendemos a olvidarnos de "ese" pequeño detalle.

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    Respuestas
    1. Qué cierto...
      Te puedes creer que me ha sorprendido hasta que me lo digas? Fíjate si no lo había pensado...
      Gracias!!!

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  2. Quédate siempre con lo positivo, por supuesto.
    No puedo decirte nada más, tú lo has dicho todo.

    Un abrazo grande.

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  3. Supongo que de alguna manera que tanto la ansiedad x disfrutar cada minuto como la nueva sensibilidad hacia el dolor de los demás son algo positivo.
    Otro abrazo, Eva!

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