domingo, 3 de marzo de 2013

¡Rara a mucha honra!



El día 28 fue el día mundial de las enfermedades raras.
Ayudadas por el frío polar que hacía en el mundo exterior la Pizquilla y yo emprendimos la tarea de inmortalizar el día mientras pasábamos el rato.
Esta criatura de pies de hobbit va a cumplir 19 meses y eso se nota en sus garabatejos felices.
La madre de la criatura de pies de hobbit, cuyos propios pies son de un 42 y de la anchura de un camionero llamado Manolo, va a cumplir 31 y tiene esclerosis múltiple y eso se nota en sus garabatejos felices, su mensaje de "día mundial de las enfermedades raras" y la esperanza de que a los científicos les dejen hacer su trabajo.
A la misma hora y en otra ciudad puedo imaginarme a un grupo de zombies vestido de gris, negro, blanco y marrón. En su enorme mesa no hay rotuladores, ni folios, ni pegatinas. Pero también hacen sus manualidades. Todos han llevado listas sus tijeras.
Me ha tocado ser más rara de lo que pensaba que era. Acepto el reto de la vida, pero lo que no vale es que nos hagan trampas a mí y mis compañeros.
Somos unos 3.000.000 de personas sólo en nuestro país, ¿a alguien le parece un número pequeño? A mí no.
Si a ti sí te parece un número pequeño puedes empezar a sumar quienes sufren estas enfermedades. Esos tres millones tienen a sus padres y madres, que estarán desolados por la enfermedad de su hijo, aquel al que le han dedicado horas de cuidados, risas y kindersorpresa desde que nació.
Ya hemos triplicado a 9.000.000 las personas afectadas.
Sumemos las parejas de los enfermos, de quienes se enamoraron y con los que tuvieron que tontear, pedirle salir y darle el primer beso, como todo el mundo.
Digamos que sólo la mitad se emparejan. Llevamos 10.500 de personas que sufren con estas enfermedades raras de manera indirecta.
¿Sumamos a los amigos íntimos? ¿Y los hijos? Muchos tenemos una Pizquilla en nuestra vida y nos angustia pensar cómo les afectará a ellos nuestro "asuntillo" y entonces nos esforzamos más que nadie en hacerles felices intentándonos anticipar a los disgustos que les daremos. Y a veces no podemos porque estamos cansados, doloridos o ingresados y entonces descendemos al infierno.
¿Qué como es el infierno? Allí no eres una persona. No tienes familia, ni amigos, ni mascotas, ni aficiones... Allí no tienes pie ni de hobbit, ni de camionero Manolo. Allí eres un número y los que mandan te recortan con sus tijeras.

P.D: Ya he perdido la cuenta de las personas afectadas por las enfermedades raras. Pues vosotros, los que leeis el blog... ¡Raros también!

2 comentarios:

  1. ¿Raros?, mas raro es quien habla, ante un micrófono y no escucha a nadie. Egocéntricos, le llamaría yo.
    Raros son los que tienen la luz al lado y se deslumbran...bueno y así podría seguir, mejor paro.
    Yo sería el ....millones +uno

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  2. Tienes razón, José Antonio...
    Cuántos adjetivos nos sobran para calificar ciertos comportamientos. Haces bien en parar porque hay veces que uno empieza y se encuentra como con las bolsas de pipas, que no hay quien pueda dejarla a medias. Mejor evitarlas directamente...
    ¡Un abrazo de rara a raro!

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