miércoles, 26 de diciembre de 2012

Yo también quiero.


 
Hace unos días que no aparezco por aquí, por el resacón mental (tambien llamado "come-come") del que soy víctima.
Primero estaba un poco regulera físicamente y ahora ando regulera anímicamente, jatetú.
Quisiera saber por qué, pero no me entiendo de ninguna de las maneras y esa autoincomprensión me lleva a pensar que será un cúmulo de cosas o a lo que Bendito Padre suele referirse como "nomezcleslascosas".
Serán las hormonas premenstruales, el inevitable balance de fin de año, la familia, los amigos, las preguntas que te hacen, el sueño, las preocupaciones escleróticas, la kriptonita... será un poco de todo y de nada, digo yo.
Me siento un poco enemiga de mí misma y no me refiero a que mi sistema inmune haya decidido atacar mi cerebro (que ya es), sino a las trabas que veo que me voy poniendo a la felicidad. Esa manera inevitable de amargarme al ver a la vecina, con su barriga de embarazada sonriente y que a mí me da envidia, porque también me gustaría embarazarme así, alegremente, a la limón, sin pensar si mis hijos tendrán esclerosis múltiple, o el pedazo de brote que podría tener después de dar a luz, sin preocuparme de si seré capaz de cuidarlos, o si podré trabajar y volver con algo de energía para ir al parque.
Es que el otro día estuvimos con una familia numerosa con sus niños rechonchos y hermosos y la madre muy fresca soltó: " ¿De trabajar no has pensando aún nada?" y un "¿Para cuándo os váis a animar a tener otro niño?" Y a mí me parece que así, en menos de 5 minutos, dos temas que me atormentan saliendo de la boca de alguien que no es un íntimo me provocaron un cortocicuito mental y no me he repuesto aún.
Confieso que me siento frágil, confieso que tengo envidia cochina y encima me siento mal por tenerla, porque sé que no me aporta nada positivo y porque sé que todas las vidas tienen sus más y sus menos, y estoy cayendo en un reduccionismo que ni la Pizquilla.
Pero es que yo también quiero una vida así, con las dificultades cotidianas y las ilusiones cotidianas.
Querida "otramamaconem" a lo mejor tú también te has sentido así y ya lo has superado, ¿me dices cómo?
Qué mala es la envidia.



2 comentarios:

  1. Ya que hacemos lo posible porque el sistema inmune tuyo no haga de las suyas, haremos lo posible también para que el sistema inmune exterior tuyo no haga de las suyas tampoco. De momento te regalo esta pregunta: ¿qué es lo normal? Imagina que todo el mundo, cada uno de nosotros y de ellos, tiene esa misma pregunta en la que busca acomodarse para estar tranquilo y ¿feliz? Pero si algo estoy aprendiendo de este viaje es que precisamente la felicidad se va haciendo y deshaciendo y volviendo a hacer. Si no fueras quien eres, ni tuvieras lo que tienes, tendrías otras preguntas, otros problemas que seguro pensarías que son los más importantes del mundo (antes ya los tenías y pensabas así, que te conozco..............).
    Dicho lo cual, sigue siendo tú, por favor.
    Padre.

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  2. Bendito padre,
    Te sobra razón para cuestionarnos qué es y no es "lo normal", aunque creo que sin entrar en profundidades uno puede entender máso menos a qué me refiero (otra cosa es que mi concepto de "vida normal" no sea tan extendido como yo imagino).
    También te sobra razón para recordarme que antes también me preocupaba por otros asuntos y sentía que eran importantíiiiismos. Pero también sabes que he tenido claras mis prioridades en la vida, y pensar que ahora no voy a poder atender mis prioridades como yo quiera... Pensar que ahora tengo que recuestionarme muchos deseos que tenía para mi vida...
    Pensar que al soplar las velas del pastel (churruscao) de chocolate que hice para mi 30 cumpleaños lo que pedí fue salud para todos...
    En fin, que sigo siendo yo mezclándolo todo onemoretime.
    Gracias por ser un bendito.

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