martes, 30 de octubre de 2012

¡Pinta una sonrisa en tu pecho!

Pues nada, que como comencé con la kriptonita hace algo más de un mes he tenido que ir a hacerme unos análisis de sangre, supongo que para que en la próxima visita la neuróloga me diga cuánto de Superwoman hay en mí.
Total, que cuadras todo lo mejor que puedes para dejar a Pizquilla en la cama bajo la supervisión de un adulto y salir por patas porque cuando antes llegues antes te vas.
Aunque bien podría serlo, esta no es una entrada sobre el caos burocrático que hay que seguir para llevar a cabo una rutina tan común (que si te envían una carta, que si cambia la hora por teléfono, que si una vez que llegas tienes que sacar número... ¿pero no me habían citado a una hora por carta? ¿número pa qué?).
Esta es una entrada reivindicando la vuelta al ser humano y el abandono del modo cíborg (sí, con tilde y todo, que modernos los de la Real Academia de la Lengua, oye).
Es que últimamente te acercas a preguntar algo con una sonrisa y la respuesta, a parte de ser parca en palabras es parca en contacto visual, empatía... esas cosas que nos diferencian de un furby.
No espero que la gente se parta de risa, ni me conteste con unos pompones a una pregunta, pero tampoco me parece normal que no te hablen con un mínimo de interés.
No quiero concretar en el gremio de los celadores, aunque es cierto que en mi breve experiencia con este sector empiezan a molestarme sus desaires. Quiero hablar de todas las personas que conforman el planeta Tierra (una entrada sin pretensiones, jaja). Igual me da un vecino, que una mamá del parque, el carnicero o la cajera del Mercadona.
¡Por Dios una sonrisa no es tan complicada! Obviamente todos tenemos días malos, momentos de estrés... y no podemos estar sonriendo constantemente como las chicas del telecupón... ¡Dios me libre! Me refiero más al carácter de la entrañable Carmen Sevilla.


Pero tener un mal día no quiere decir dejar de ser amable (además, ¡son sólo unos segundos! Creo que aún no se conoce el caso de alguien que preguntara la hora a un viandante y se pasara 3 horas dando la contestación).
Pensemos que nuestras palabras y nuestra actitud incluso en estos pequeños intercambios pueden ayudar de algún modo a la otra persona, incluso a nosotros mismos nos pueden cambiar el moño torcido con que llevábamos hasta ese momento.
Lo dicho: ¡Pinta una sonrisa en tu pecho!

6 comentarios:

  1. Valiente, valiente, valiente.....
    http://www.youtube.com/watch?v=yXR1hxDta4g
    Gracias por compartir y pintar una sonrisa en nuestro pecho

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  2. Jopé, Thelma, qué cosas dices y que enlaces dejas... :_ _)
    ¡Gracias por mil!

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  3. Sabes, hubo un tiempo en que me pasaba como a ti. Llegaba a los sitios con una sonrisa y me recibían como a una piojosa, hasta que decidí cambiar de actitud, de tal forma que entraba con cara "vinagre" y la defensiva... Jeje!!

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  4. Igual entonces te empezaron a tratar mejor... Si?
    Padre me dice que sonrio demasiado, y la verdad es que puede que sea cierto..."
    Por una parte no quiero dejar de hacerlo, pero por otra me sienta faltalmente fatal que me traten así y al de al lado que parece voldemort lo traten mejor! Grrrrrrrr!
    Ya nos dirás como te va a ti con "el método avinagrao".

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  5. Holaaaaaaa
    aquí padre por alusiones; creo en la sonrisa como la mejor arma de defensa contra los vinagre o avinagraos (en especial porque les fastidia más una sonrisa que un reproche).
    Estoy con Adilia en que la cara de vinagre ayuda a que te dejan en paz (cuidaito conmigo que soy peligrosaaaaaaaa), pero sin abusar, claro, porque a veces es muy cómodo avinagrarse para que le dejen a uno en paz.
    Salud

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  6. Vaya mensaje, padre aludido.
    Tendré que intentae combinar la sonrisa con el vinagre y en esas situaciones "vinareir" o "sonrenagre", ya os iré contando...

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