lunes, 22 de octubre de 2012

Lactancia e ingreso en el hospital

Parece ser que durante los meses posteriores al parto la probabilidad de sufrir un brote aumenta. En mi caso ese fue el brote con el que descubrimos que tenía esclerosis múltiple.
Escribo esta entrada con la esperanza de que le venga bien a alguna mamá que esté atravesando los agobios que viví yo durante los días que permanecí en el hospital, y también para "deshacerme" de uno de los momentos más duros de mi vida.
Cuando acudí por segunda vez a urgencias decidieron dejarme ingresada para agilizar las pruebas (supongo que el escáner y la resonancia). Había acudido tres días antes remitida por mi doctora de cabezera, que muy eficazmente comprobó que mis problemas de visión merecían algo de importancia... No obstante, cuando fui al hospital (con carrito, bebé y todo el kit de barbie mamá) me mandaron a casa.Dejé pasar unos días y volví a ir. Esa vez una oftalmóloga me puso una especie de cacharrito en los ojos y al cerrar un ojo en vez de ver un sólo punto veía dos.
Me hicieron un escáner y me dejaron ingresada... creo que del estrés una parte de la cara se empezó a tensar y se quedó tipo tabla.
¿Qué estrés de qué? Pues sobre todo de la separación de la pizquilla.
No sólo fue una preocupación a nivel emocional sino también alimentario, y es que aunque ella ya tomaba otras comidas, el pecho era su alimentación básica y su anestesia necesaria para dormirse: chupito en la cama y a roncar... Otra manera de relajarla sin presenciar la berrea del corzo no había...
En fin, que me ingresan a mí que ya era un drama, pero además ingresan a mis pequeños pechillos conmigo... ¡y eso ya era un drama de película de antena 3 después de comer!
Yo en el hospital pidiendo un sacaleches para que padre intentara alimentar al retoño (quien por otra parte no quería biberones de ninguna marca ni ningún modelo... ¡cuánto me he arrepentido de no dar algún biberón esporádico con mi propia leche para que luego no hubiera extrañado la tetina!).
Esta era la foto de familia:
-Madre sufriendo el tormento de la separación pensando en lo traumático que era todo (yo que era supermadreamantísimaconapegoynosinmihijaqueahoramenecesitaamímásqueanada)
-Pizquilla flipando por el cambio drástico en su vida.
-Padre, pobre padre... sufriendo en silencio los llantos interminables de pizquilla a la hora de dormir e inventado recursos para que comiera algo.

Padre ejemplar venía una vez al día con pizquilla al hospital y yo me fugaba a la sala de lactancia para darle el pecho entre lagrimones y carcajadas, momento bipolar donde lo haya.
Las enfermeras y las neurólogas solicitaron mi traslado a la planta de maternidad para poder estar con la pizquil, padre acudió a atención al paciente, y yo me portaba como una paciente modelo.
Y al tercer día se obró el milagro: me subieron a maternidad y dormiríamos juntas.
¡Qué gran error! Esa mañana me habían hecho una resonancia con contraste y me dijeron que no a lactancia en 24 horas.
Así que después de nuestros días separadas, la pizquilla me reclama el pecho llora que te llora y yo no se lo puedo dar... Intento desesperada con la leche que me había sacado pero no quería ni verla, no había manera de consolarla ni conmigo ni con abuela feliz que pasaba las noches en el hospital. ¡Qué desesperación! Finalmente y a las tantas conseguí dormirla en nuestra mochila portabebés pero en cuanto me sentaba volvía a despertarse gritando... A las 8 de la mañana llamé a padre: Ven a por ella, por favor, no hemos dormido nada y estamos agotadas y desesperadas las tres.
Ese mismo día me hicieron la punción y me fui a casa... entonces surgieron otras situaciones relacionadas con la lactancia también, pero las dejó para otro ratejo que en esta casa los minutos pasan y hay cosas que hacer.
Todavía recuerdo esos días con algo de amargura. Y sobre todo intento alejar de mi mente el posible daño que le pudiera causar a la pizquilla vivir esa situación sin podérsela hacer entender bien. Pienso que con el esfuerzo y el amor hemos borrado las huellas de aquellos días atravesando el desierto.

2 comentarios:

  1. Seguro que sí! :) Qué tiempo tenía por aquel entonces la pizquilla? Acabo de empezar a leerme tu blog desde el principio!

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  2. Hola mamádemirubio!
    Bienvenida! La pizquilla tenía 9 meses y pico, y aunque le gustaba jugar y probar todas las cositas nuevas, para llenar su tripita no era suficiente!
    Nosotros con eso de seguir a Carlos González ("el gurú") no teníamos prisa, pues veíamos que mientras tuviera teta no le iba a faltar de nada. Y nos gustaba verla experimentar con los diferentes alimentos.
    Al ir abandonando la lactancia materna es verdad que ya no tienes esa tranquilidad de saber que todas sus necesidades alimenticias están cubiertas y a veces ya el enfoque no es tan lúdico. En fin...
    Un beso

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